Las cifras no mienten, y las que ha aportado la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) no dejan lugar a la duda. En los últimos años (concretamente desde el 2007, año oficial de inicio de la crisis en nuestro país) el número de conexiones de banda ancha fija en España se han disparado: un 47% más. Un nivel de crecimiento que ya querrían para sí muchos otros sectores económicos, sobre todo si tenemos en cuenta la situación económica actual.
A finales del 2007 existían 8.02 millones de conexiones de banda ancha fija y este número hoy en día se sitúa en 11.84 millones, pasando de 18 líneas por cada 100 habitantes a más de 25. Además, en el último año este crecimiento se ha acelerado notablemente puesto que durante el primer semestre del 2013 se ha logrado un global de casi 300.000 nuevas conexiones fijas, lo que supone un incremento del 85% respecto al mismo periodo del año anterior. A final de año se estima que, sumando las tecnologías ADSL, cable y fibra óptica, se superarán los 12 millones de conexiones fijas en nuestro país.
¿A qué se debe este boom? Obviamente debemos referirnos sí o sí al descenso de precios que se ha producido durante todo este periodo de tiempo como consecuencia de una mayor competencia. Competencia que ha desencadenado una guerra de precios entre las operadoras, aunque sin llegar a alcanzar los niveles de agresividad que sí hemos visto en el sector de la telefonía móvil. Todo llegará. Esto explica que por ejemplo Jazztel (con una de las ofertas más económicas del panorama actual) haya experimentado un crecimiento del 414% en su base de clientes de ADSL, alcanzando 1.380.000 líneas.
En la actualidad la competencia se centra en las ofertas convergentes de fijo y móvil. La primera oferta de este tipo lanzada en nuestro país fue la de Movistar Fusión (el pasado octubre) y hoy en día prácticamente todos los operadores han apostado por empaquetar sus servicios y ofrecer tarifas globales. Sobre todo porque la respuesta de los usuarios a este nuevo concepto de servicio está siendo muy buena (principalmente por el ahorro que supone).
Si a esto sumamos que la inversión en nuevas redes ya empieza a dar sus frutos (lo demuestra la gran acogida de la fibra óptica de Movistar, con más de medio millón de conexiones), el futuro del sector parece más que esperanzador.






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