Debido al creciente número de dispositivos que cada vez más utilizan redes WiFi, éste está llegando al límite de su capacidad técnica. Y es que en los últimos años se ha multiplicado exponencialmente el número de equipos que utilizan las comunicaciones inalámbricas en las bandas destinadas a WiFi.
Y a medida que se incrementa la densidad de redes WiFi en los principales núcleos urbanos de todo el mundo, es necesario destinas más bando de ancha para poner en marcha los mecanismos de control encargados de garantizar la comunicación de los usuarios. Y claro, a medida que pasa el tiempo el caudal útil es menor. Según recientes estudios el rendimiento real puede llegar a caer hasta en un 20% en las zonas con mayor concentración de usuarios.
Pero lo preocupante no es ya la situación actual, sino que ésta sólo puede ir a peor. Por tanto es necesario buscar soluciones que logren mejorar el estándar mediante la puesta en práctica de mecanismos que consigan optimizar la comunicación en las zonas de mayor densidad y maximizar su rendimiento. Si no se encuentran soluciones efectivas, en breve habrá lugares donde la comunicación WiFi sea prácticamente inviable.


